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Edición 1360
Publicado el: Miércoles, Abril 25, 2018 - 10:37
Inmigrantes

Los nuevos inmigrantes capacitados y decididos a trabajar en Argentina

Fueron noticia por las condiciones en las que trabajaban en una recicladora de plásticos en Río Tala pero sus historias muestran de que modo, la denominada clase media venezolana huye y se prepara junto a otros extranjeros que eligen el país como lugar de bienestar para sus familias. Se abre el debate en el interior por la escasa oferta de trabajo, la contratación “en negro” y la desocupación creciente.

Venezolanos, colombianos, dominicanos, paraguayos y otros latinoamericanos se aprestan a formar parte de la ola migratoria que les muestra a la Argentina como un lugar donde desarrollar sus vidas. Hasta hace un tiempo se instalaban en los grandes centros urbanos y solo los chinos, desde el otro confin del planeta desembarcaban con sus mercados en el interior de cada provincia.

Llegó el turno de San Pedro, los datos pasan de boca en boca y una familia avisa a la otra. Era habitual encontrar en obras de construcción a extranjeros en situación de precariedad frente a la mano de obra local y con la “vista gorda” de los sindicatos. La semana pasada los títulos de los medios de comunicación fueron para los venezolanos. Aunque ya había trabajadores de esa nacionalidad en fábricas y con títulos de ingenieros que llegaron a principios de año, los que saltaron “a la fama” fueron aquellos que cumplían tareas en un galpón de Río Tala. Allí llegó la joven Luz Costa; con 20 años comenzó a incursionar en el mundo de los móviles periodísticos, estudia Trabajo Social y comienza a dar sus primeros pasos con las crónicas.

Su visión sobre Elvis, Damason y Jesús ofrece una perspectiva interesante y, por ello, La Opinión edita hoy el texto que remitió para su publicación.

Mates y café en la casa de “los venezolanos”

Elvis, Damason y Jesús son los tres venezolanos que me recibieron de los 9 o 10 que conviven en ese pequeño departamento de la calle Aníbal de Antón al 2000.

Damason tiene toda una familia esperándolo en su país, ya que con él sólo pudo viajar su hijo de 20 años que es, en realidad, el yerno de Jesús, quien logró hacer los contactos para venir en busca de trabajo, de progresar y poder traer así a ambas familias, ya que por el lado de Jesús también lo esperan en su hogar su hija de 20 y su mujer.

Hicieron mitad de viaje por tierra y la otra por aire, luego de conseguir los papeles que les permitían “huir” de la situación que Venezuela está atravesando actualmente. ¿De qué huyen? De un país en el cual para comprar un kilo de pan deben trabajar día y noche todos los integrantes de la familia. De un país en el que 1,3 niños mueren por desnutrición POR DÍA, según información que a ellos mismos les llega de sus familiares, por quienes hoy se encuentran luchándola en nuestra ciudad.

“Muchos argentinos se quejan de que acá las cosas están mal, pero créanme que para nosotros esto es un paraíso. Con enviarle $ 4000 a nuestras familias pueden llegar a vivir hasta dos meses completos”.

¿Son los únicos? No, más del 50 por ciento de los venezolanos con estudios superiores se encuentra ya en el exterior o al menos intentándolo, y tan notoria es esta situación que al cruzar la frontera, cuando le preguntaron a Jesús cuál era su especialización y él respondió “Ingeniero mecánico”, quien estaba a punto de firmarle sus documentos y permitirle la salida le respondió: “Veo por día cientos de ingenieros irse de acá, nos vamos a quedar sin futuro". Y es justo ahí, en esa frase, donde se encuentra el mayor miedo de Damason y Jesús: en que, realmente, Venezuela está a punto de quedarse sin futuro. Porque los maestros, los docentes, al igual que el resto del pueblo, están decidiendo salir del país en busca de una mejor vida, y la situación en las escuelas se complica cada vez más. “Si cierran las escuelas, ¿qué queda para los niños, adolescentes y jóvenes que no pueden escaparse? ¿Qué hacemos si logran destruir la educación? Perdemos una generación entera que no sabrá qué hacer de su vida, que no podrá salir adelante", se preguntan.

Por eso hoy se encuentran en la ciudad, y saben que no es del agrado de muchos sampedrinos que creen que vienen a quitarles puestos de trabajo; para ellos es la única opción para recuperar a sus familias y vivir una vida normal como la que tenían “antes de que llegara este gobierno en Venezuela”.

Damason trabajó 22 años en una fábrica, como operador; Jesús llevaba ya un largo tiempo en una empresa multinacional, y Elvis había trabajado en distintos penales de Venezuela y era…, o es…, policía criminalista. Formaba parte de la policía científica desde el momento en el que se recibió, pero para él la situación también se hizo imposible de sostener. Tiene en su ciudad a su mujer y a su pequeña hija de dos años esperando el día en que él pueda traerlas a Argentina para terminar con la “mala vida” a la que el gobierno los sentenció. No tuvo la suerte de los otros dos viajeros: él el debió pasar días enteros arriba de un colectivo para poder llegar a San Pedro, donde en teoría le iban a brindar un trabajo digno.

Las cárceles como paraíso


Elvis, quien conoce un poco más de las cárceles de Venezuela, nos dejó anonadados al contarnos que actualmente viven mejor los presos, que los ciudadanos en sus casas. ¿Por qué? ¿Qué pasa en las cárceles de Venezuela?

Para empezar, más que como cárcel, funcionan como mercado. Así es: cualquier ciudadano puede ir como visitante de un recluso y en realidad ingresa a comprar comida a menor costo del que lo venden en los mercados oficiales. Son horas y horas de cola, pero aunque sean unos centavos menos, a todos les sirve.

Además de ser comerciantes también son cómplices de los secuestros clandestinos que se realizan en la ciudad. “Si sos adinerado o poderoso y te secuestran tu coche o a un familiar, tenés que llamar a la policía, te piden una recompensa, y una vez que tenés todo el dinero te mandan a buscar lo tuyo a alguna cárcel cercana a tu ciudad. Si es una persona la vas a encontrar entre los presos, secuestrados pero viviendo como si fuera un preso más", explica Elvis.

Y agrega: "Y como si fuera poco hasta boliches tienen en el interior estos lugares en los que en teoría deberían cumplir condena aquellas personas que atentan contra la ley, pero viven mejor que nosotros”.

Si les preguntás cuál es la solución a todo esto, lo único que responden es que tiene que cambiar el gobierno, pero que el daño que le hicieron a Venezuela y a todos los ciudadanos es irreversible. Y piensan… si todos los profesionales que había, si todas aquellas personas que invertían en turismo para que llegaran miles de personas por temporada, si terminan con la educación, si los niños siguen creciendo con hambre, si cientos de personas continúan perdiendo a sus familiares, si aumenta la cantidad de niños que mueren por desnutrición todos los días y se sigue agravando la situación. ¿Existe una solución?

EDICION IMPRESA #1378
Miércoles 29 Agosto 2018

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